Ella sonreía sentada en el sofá mientras él fumaba, se llevaban bien, desde siempre. La persiana estaba bajada y la luz entraba por las pequeñas fisuras del plástico blanco. El piso estaba completamente desordenado, pero no muy sucio.
Se dejó caer por la mirada que desprendían sus ojos gélidos, y comenzó a besarle. Agarró su cuello y acortó aún más distancia mientras la colilla se consumía en el cenicero rojo.
Las caricias aumentaban con el paso de los segundos en los que él mordía su cuello, y ella le volvía loco, el perfume inundaba la habitación y la ropa empezaba a estorbar.
Pero entonces ella decidió levantarse, decidió ser diferente a las demás que habían pasado por su cama.
Recorrió el pasillo desprendiéndose de su ropa, sonrojándose, sonriendo con esa sonrisa pícara que a él le gustaba tanto.
Entró en el cuarto y se tumbó sobre la cama fría, agarró el cabezero blanco y se estiró dejando entrever a la luz tenue del sol de media tarde que entraba por la ventana su dulce torso desnudo.
Y allí estaba él, como siempre, con su delgadez, con sus brazos no tan fuertes, con sus besos con sabor a hierro y a tabaco.
Ahí seguía ella, perdida entre su cuerpo, dejandose hacer y haciendo.
Sonriendo en la oscuridad, esperando el próximo beso.
Se dejó caer por la mirada que desprendían sus ojos gélidos, y comenzó a besarle. Agarró su cuello y acortó aún más distancia mientras la colilla se consumía en el cenicero rojo.
Las caricias aumentaban con el paso de los segundos en los que él mordía su cuello, y ella le volvía loco, el perfume inundaba la habitación y la ropa empezaba a estorbar.
Pero entonces ella decidió levantarse, decidió ser diferente a las demás que habían pasado por su cama.
Recorrió el pasillo desprendiéndose de su ropa, sonrojándose, sonriendo con esa sonrisa pícara que a él le gustaba tanto.
Entró en el cuarto y se tumbó sobre la cama fría, agarró el cabezero blanco y se estiró dejando entrever a la luz tenue del sol de media tarde que entraba por la ventana su dulce torso desnudo.
Y allí estaba él, como siempre, con su delgadez, con sus brazos no tan fuertes, con sus besos con sabor a hierro y a tabaco.
Ahí seguía ella, perdida entre su cuerpo, dejandose hacer y haciendo.
Sonriendo en la oscuridad, esperando el próximo beso.

Genial.
ResponderEliminarOjalá las cosas esas que creemos que nunca van a suceder lo hicieran un poquito más amenudo.
El caso es confiar en uno mismo, y saber que si tu te lo curras, pasará :D
ResponderEliminarY yo se que va a pasar, estoy segura.
Lo mejor es que me refiero a varias cosas :)
Llevo leyéndote bastante tiempo, pero pocas veces te he comentado, entre que no me daba tiempo, o solo a leer o no estaba de ánimos, xd.
ResponderEliminarPor cierto, he visto un puñao de tus videos, y son para mearse, como el del Veo veo dios, jajaja, además conozco a dani:)
Un beso, te seguiré comentando:)
Y esta entrada es la hostia, son de las que más me gustan:) toh eróticas, jajaj, por llamarlas de alguna forma:3
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarOjalá que lo consigas. Y ojalá estuvieras en este momento en mi lugar.
ResponderEliminarNo deseo otra cosa ahora mismo que el que sientas en tu estómago el nudo que siento yo en el mío.
Has ganado, Natalia.
Lo has entendido mal Andrea, es completamente inventado...No quiero volver a afectar en tu relación sabes?
ResponderEliminarNo tenia ninguna intencion de volver a entrometerme, tengo mi vida.
Y no queria volver a joder nada, por eso he pasado durante tanto tiempo.
Si has malinterpretado esta entrada perdóna, porque no va por esos campos tia.