Su camisa de cuadros ya estaba donde siempre, reposando en el espaldar de la silla de su habitación. Ella le miraba, le miraba con admiración, como una niña pequeña mira a su juguete favorito. Se sentó frente a la chica analizando sus ojos, ¡déjenme decirles que era preciosa! Ella sonreía sonrojada, le encantaba ese chico, no había manera de dejar de mirar cada gesto que emitía. Cada uno de ellos sabía que buscaban romper su monotonía, sanamente, sin las drogas que esta sociedad siempre anda necesitando, las bebidas, las resacas...Solo buscaban encontrarse el uno en el otro.
Quizás por eso ella ya no tenía ropa cuando entraba a ese cuarto, quizás por eso a él le gustaba tanto acariciar cada parte de su cuerpo.
Y pensar...que todo pudo comenzar con un café y con un cigarro.