Lágrimas de mar salado, sábanas manchadas de sangre.

Tú ausencia me está matando. Ahoga. Acorrala. Quema y da frío a la vez. No puedo mas, ni podré, dime tú qué tengo que hacer ahora. Me advertiste tantísimas veces de esto y no te creí... He vuelto a tener tres años, a llorar abrazando a mi peluche favorito, a embarracarme por las noches cuando veo que no estás. La ansiedad va a acabar conmigo... y tú, ¿Estarás haciendo finalmente una nueva vida? ¿Con alguien que como bien sabes no se merece nada de tí? ¿Con alguien que es algo que tú siempre decías odiar?
No puedo cubrir tantos huecos, ni llenar tanta oscuridad con la poca luz que le dejaste a mi alma. 
Así que... Todo estaba escrito, decías. Y aquí estoy, escribiendo.

Como un crio echando de menos su manta.

Aun te recuerdo la última vez, nervioso. Quitándome la ropa pensando si serías mejor que él. Y yo no sabía como explicarte que siempre has estado a la altura sin ponerme a llorar. Que sabías, te conocías todos mis malos ratos sin que yo tuviera que llamarte la atención. Sólo con mi tono de voz, mis gestos. 

Siempre preguntabas: ¿y tú qué? ¿Cómo estás? Como si no lo supieras, cinco años son demasiados para no conocerme a la perfección. Sabías cuando necesitaba una caricia o cuando necesitaba que me agarraras del culo y me convirtieras en acróbata. Ahora, aunque no te lo creas, a veces te echo de menos. Creí que no me iba a pasar nunca. 

Hoy te reirías con todo esto que se me ha metido en la cabeza y dirías: nunca vas a cambiar. Pero créeme cuando te digo que hace tiempo que ya no soy la misma, contigo hice el cambio y ya no puedo regresar a lo que fui. Y a ratos me pregunto por qué me convertiste en esto. Contigo sí se podía ser así pero no con los demás. 

Te fuiste diciendo "si alguien te hace daño, avísame". Estoy silbando.