Evolet, sentada en el mismo escalón. Oscuridad, toda su vida había sido oscura. Llegó a creer en mil personas, y mas de mil una le fallaron, la dejaron sola, triste, hundida.
Luchaba a contracorriente contra cientos de respiraciones que no quería tomar, contra decenas de lunas llenas, sola.
La cobardía pegada a la pared amarilla, y el calor de aquella misma noche de verano le llenaban el pecho de sollozos, de miradas vacías.
-No hay un momento de mi vida, ni lo habrá, nunca volverá a ser lo mismo. Podrías creerme o romperme en mil pedazos como has echo siempre Chi, pero ya no te servirá de nada.
Al igual que nunca te has podido controlar a ti mismo, tus locuras, tus desdenes. Te vas a acabar despreciando siempre, rompiéndote, ahogandote en mil bebidas, consumiendo tu vida, ocultando tus ojos a la felicidad que desprendieron los mios en antaño.
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