Coches, humo, vida ajetreada, aire que le colapsaba los pulmones mientras su pelo rojo hacia ondas al asomar la cabeza por la ventana derecha del automóvil.
Se sentía apagada, triste, sola, traicionada y mil sentimientos más, mil sentimientos de mierda que le llenaban el corazón desde hace meses.
Sentía un asco enorme hacia el cielo, por tener ese azul, ese maldito color azul que le provocaba un dolor inmenso.
Llegó a pensar que no quería vivir en cientos de ocasiones, pero hay que seguir M, siempre hay que mantenerse.
M es fuerte, y esto es la pura realidad.
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