Ella se sentó cerca de la ventana a mirar la gente pasar, mientras el tren avanzaba a una velocidad sublime.
Él la miraba, la miraba de lejos y conservaba la paciencia, -¿Qué le pasaría ahora?, ¿Qué coño le pasaba ahora?-
En un segundo sus ojos verdes se cruzaron con los suyos. Y el marrón se mezclo entre la maleza de el espeso bosque de hoja caduca al que pertenecían esas pupilas penetrantes.
Al instante supo qué quería decirle. Pero ella fue más rápido, sin darle tiempo a reaccionar, sus labios no dejaron escapar los suyos en un beso completa mente voraz.

Porque cuando estás conmigo, desaparece cualquier problema, cualquier oscuridad.

Un flechazo, un coñazo, un plazo de tiempo y espacio, donde al final el rechazo, te va a doler como un balazo.

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Pedian calor a gritos, suspiros inundaban sus cuellos, querer sentirse, querer calor, cobijo, deseo.

Hacía frio, mucho frío, ellos andaban hacia cualquier lugar deambulando por ahí, buscando soledad.
El calor que buscaban darse, dependia de como estuviera el tiempo. FiftyFifty.

Ella era optimista hasta el momento, él no.
Nunca se sabe como saldrán las cosas, ellos solo querían amarse.

Y eso nunca fue malo.