Empalmaba un día con otro, olvidaba la vida que quiso.

-¿Ahora te das cuenta? ¡No te quiere ni te ha querido joder! ¿Como eres tan tonta?
-Siempre he pensado que en el fondo me quiere, pero es otra persona completamente, no le reconozco, y me ahogo, me vuelve loca esa sensación. Es insoportable el verlo de lejos y después de todas las veces que ha entrado en mi cama, que ni te mire y que si lo hace sea con la violencia de un volcán.
-¿Y qué más quieres, coño? Valórate, eres especial, aprende a sentirlo.

Se giró, se despidió de los más allegados y salió del parque, encendió un cigarro, se puso los auriculares, y pensó.
Tal vez si, iba siendo hora de valorarse. Iba siendo hora de que las palabras no cortaran, de que las miradas no provocaran insomnio, y de que los besos que ya él no le daba, fueran los puñales que la empujaran al olvido.

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