Las sábanas no eran las mismas, la luz era ténue y el habitaculo desconocido. Pero ¿que más daba? Era sexo y no amor.
Comenzó a sentir que el cuerpo le respondía y que tal vez esto le iba a crear un vicio.
El olor de la marihuana en su cuerpo le devolvía el mareo pero a la vez le transportaba a aquella dimensión de vicio y virtud.
-Me empieza a estorbar la ropa.
-Quítatela, ponte cómodo.
Ariel estaba sumerjida en su realidad, en esa sensual realidad que describía el vello de su pecho.Comenzó a bajar mordiendo cada rincón mientras él se relajaba tal y como ella lo había hecho antes.
Madre mía, que bien nos vamos a llevar tú y yo.
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