Se levanto por la mañana con un nudo inmenso en la garganta, la vida le dolía muchísimo.
Pero ¿qué hacer? Solo quedaba joderse y seguir cada minuto.
Los minutos eran cuestas, los segundos puñales; No podía más, lágrimas ya no le quedaban.
Necesitaba algo, pero nunca lo aceptaría.
La niña caprichosa empezaba a darse cuenta de que las pataletas ya nunca más le servirían, ahora lloraba por que no podía más, y aprendía a joderse porque nadie la escuchaba.

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