Evolet ha roto la jaula.

Llegó a creer que su sonrisa había quedado grabada para siempre en su cara mientras se mordía nerviosa el lado izquierdo del labio inferior y se sonrojaba.
Se miró al espejo, tenía el pelo bastante alborotado, y solo llevaba puesta su camisa nueva y la ropa interior.
Fumaban olvidándose de que el mundo seguía ahí fuera y de que formaban parte de él. En ese pequeño rincón de uno de los muchos bloques de pisos hacinados en la ciudad, dos personas eran inmensamente felices.
Le sucedieron miles de preocupaciones sobre si el momento era perfecto, si todo estaba saliendo bien, pero las sonrisas fueron acallando cada susurro que los nervios, propios de la situación, creaban en sus alocadas y jóvenes mentes.
-¿Qué hora será?
+¿Crees que de verdad me importa? Tú estás aquí y no me hace falta nada mas que eso. Abrázame.

Siempre he creído que el momento en el que dos personas se funden en una merece un recuerdo eterno.
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''Me gustas por que no te dedicas sólo a sobrevivir, si no que vives disfrutando de placeres, como por ejemplo el escribir, vives además de la monotonía.''

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