Querida Alidra:
He llegado por fin a Nora, ha sido un larguísimo viaje lleno de frío y miedos. Te preocuparía si te contara que lejos de casa existen mundos mucho mas oscuros al salir de nuestro pequeño feudo.
El lugar en el que me encuentro de paso, por ejemplo, lo apodaron Nora, y está lleno de un misterio ensordecedor. El cielo tiene un color distinto, el aire sabe a óxido y empalaga. Las personas que pasean por Nora nunca alzan la cabeza y parecen sollozar, y yo, necesito saber qué es lo que les ocurre.
Me asomo a la ventana de esta especie de ciudad y rompo el viento, inspiro y Nora entra en mi, para salir expirando en un halo de luz provocado por mi propio vaho, que parece no querer salir de mi cuerpo.
He llegado a la conclusión de que cada parte de Nora quiere salir de si misma, necesita un alma donde encontrar un nuevo hábitat donde no se respire este dolor a cada paso.
Cogeré de nuevo el gorro y saldré, odio los adoquines de esta ciudad, por el simple hecho de que nunca nadie levanta la cabeza al caminar, y van contando de memoria cada uno de sus inútiles pasos.
Ko.
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