Baby, don't cry.

Debo decir que el odio pudo con él, que se lo comió completamente hasta dejarle seco.
Hasta que la persona que Evolet amaba y amaría siempre terminó desapareciendo entre la oscuridad. Y ya no servía de nada pensar en futuros, en parques, en almendras saladas y besos dulces, porque no era quien ella conocía y no lo volvería a ser nunca.
Por mucho que gritaran sus entrañas por un poco de felicidad momentánea, el orgullo empujaba.
Evolet, que solo lloraba.
Chí, que había aprendido a odiar por los dos.

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