Natalia ya no recibía cartas de amor, Natalia lloraba constantemente, se sentaba en su cama, en su edredón rosa a llorar la pérdida de un amor, que su corazón intuía que tarde o temprano volvería.
Ella se levantaba y en pequeños arrebatos de ira, rompia una carta, cuando entraba al cuarto y su imagen le volvía, rompía otra.
Lo triste del asunto siempre fue que los dos enamorados se veían cada día, se hacían daño, se miraban cuando uno no miraba al otro, y lo más triste era que los sueños no cesaban por la ruptura, y hacían daño, mucho daño.
Aquella noche Natalia soñó que Javier volvía, y como no,despertó llorando, no desayunó, y pasó el día cavizbaja.
Aún así , le dolió más al verlo allí, en el recreo, esa media hora tabú en la cual revitalizaba sus días y sabía algo de él.
Ese día le dolió mucho más verle.
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